Don Quijote y la coronación de Bush
¿Se puede hablar de decadencia americana en 2005?
Probablemente, en el 2105 sí se podrá hablar de decadencia americana y quizás una novela emblemática sea el crisol y reflejo de ese ocaso que, naturalmente, no vemos nosotros por ninguna parte.
El ominipresente imperio tiene apocalípticos atacantes que hablan de su fin – y de todo el de occidente de paso -, por hoy por hoy no se les presta mucha atención.
El idioma inglés – pero, fundamentalmente americano -, la moneda norteamericana – el dólar que tiene a Dios en su redactado -, la cultura entendida en el sentido de lo que se lee, se ve y se escucha – donde los productos norteamericanos desbordan los pequeños porcentajes locales -, la presencia militar permanente o utilizada como amenaza constante...
En la corte de la metrópoli, un lider que se cree con el deber de intervenir en todos los asuntos mundiales y con la conciencia de ejercer una función que le ordena la divinidad.
Cambiando los términos, la situación del imperio español en 1605 era la misma para un europeo y, aun, más monstruosamente presente en ciertos campos como la reforma católica.
¿Hay decadencia?
Hay razones para pensarlo, sobre todo después de la derrota no declarada en Irak.
El desequilibrio entre la fuerza militar disuasoria y la capacidad de la red de comunicaciones está a punto de romper la baraja (es decir, la capacidad de alimentar esa fuerza militar que por razón de la lógica imperial termina siendo la de ‘uno contra todos’).
Es decir, a posteriori, los historiadores podrán unir las ideas arbitristas de Soros, el fundamentalismo islámico, el euro y una novela emblemática para decirnos que el imperio estaba en decadencia.
Pero, en 2005, si esta tarde vamos al cine, y vemos el aviador al que celebraremos oscarizado dentro de unos días, no creo que tengamos una exacta conciencia de que estamos contemplando un imperio en periodo de acoso y derribo.
