Tuesday, January 04, 2005

La generación ‘Barrio Sésamo’

Por la universidad he visto pasar múltiples generaciones de estudiantes desde que yo mismo formé parte de una de ellas (la de 1977, año preconstitucional).
La del desencanto, la del pasotismo, la yuppie, la profesional, la solidaria onegera, ... muchas generaciones, muchas maneras de entusiasmarse o aterrorizarse por el futuro profesional que les esperaba.
La media de acción modal comprendía unos tres a cinco años, con inflexiones más o menos duraderas y cambios profundos.
Ahora toca el turno a la generación ‘barrio Sésamo’, la que ha aprendido sus tiernas experiencias junto a la televisión y no conoce otros referentes (olvidémonos de la familia y de la escuela, instituciones que se echan mutuamente la culpa de todo lo que les sucede).
La generación ‘Barrio sésamo’ no tiene profundos dogmas ni ideológicos ni morales pero sí insondables valores.
Es la generación del pacto, del acuerdo, de ‘todo lo solucionaremos conversando’, algo parecido a lo que han visto hacer a los animalitos de la tele.
La generación Barrio Sésamo cree en los amigos, quiere a la familia, respeta a la escuela, pero, sobre todo, cree en un moderado disfrute personal que, respetando a los intereses de todos los demás, le permita obtener satisfacciones particulares.
La utopía, ellos se creen que es la realidad misma, es mucho más difícil de obtener que los propósitos de las anteriores generaciones (‘dolerse de su existencia’, ‘echarle la culpa al mundo mundial de todos lo problemas propios y ajenos’, ‘triunfar pisoteando a los demás’, ‘solidarizarse con todos los desgraciados de allá pero sin importarles un rábano cambiar la situación aquí’, ...).
Los de ‘Barrio Sésamo’ le añaden el gazpacho ecológico con la defensa de todos los animalitos y víctimas de catástrofes variadas, lágrima fácil y compromiso frágil, solidaridad de fin de semana y a ser posible excursionista, puntitas de irritación ante lo malvada que puede ser una situación y mucha buena conciencia. Con ese cóctel se puede ir tirando y formando parejas tan políticamente correctas que un polvo te lo debo a ti, otro me lo debes a mí, y así vamos deshojando la margarita.
En Barrio Sésamo siempre se consigue un final pactado y todos se reparten el pastel. Esto es imposible y menos en política.

Extrañamente, a esta generación de barrio Sésamo le ha tocado volver a las urnas. Y ha dado un vuelvo electoral. ¡y cuanto de barrio sésamo tiene el resultado final elegido!
La guerra de Irak y los fallos de un gobierno prepotente les llevaron a votar en masa, a participar en un ritual que consideraban de mayores (y como no se van de casa, la verdad es que no votaban ni llegando a la treintena).
La democracia era admitida como algo natural pero los políticos eran tan molestos como los padres y, a veces, más eternos (el caso Pujol en Cataluña es memorable). Una de las preguntas que no se les ha ocurrido a los sociólogos de pie de urna es preguntar no cuantos jóvenes votaban – eso es comprobable – sino cuando votaban y si lo hacían acompañados por la familia.
A votar se iba como antes a misa de doce, era la militancia paterno/materna la que movía el rebaño familiar hasta que en los noventa se agotaron las pilas de la progresía.
Ahora, la generación barrio sésamo se encuentra en una situación inaudita. Por que en el barrio encantador todos pactaban, los malos – que no eran malos sino díscolos o caprichosos o egoístas o miedosos – se convencían finalmente.
Y ahora qué.

1 Comments:

At January 12, 2005 at 6:41 AM, Blogger Pawet said...

En primer lugar, matizar. La generación Barrio Sésamo es la generación universitaria Barrio Sésamo. Toda la generación, universitaria o no, ha crecido con el televisor como referente social, como elemento de cohesión. Sin embargo, aunque todos veíamos “Bola de drac”, cada uno de los individuos de la generación se posicionó en unos valores u otros. Desgraciadamente, aunque en la universidad predomine la generación utópica, la mayoría de los elementos no académicos viven en una generación más pasotista que nunca. Se trata de la generación televisiva, con dos tendencias: Barrio Sésamo o la que yo denomino Bola de drac.
En el caso que conozco (lamento el ombliguismo pero no voy a hablar de lo que no conozco), 150 adolescentes empezaron en ESO, y solo 25 han llegado a la universidad. ¿Responden los otros 125 a la generación que describe como Barrio Sésamo? En absoluto. Siguiendo el símil televisivo, más bien los denominaría la generación Bola de drac. Un puñado de gente, cada vez más, cuyo único fin es buscar esas siete bolas para lograr sus deseos, económicos y ociosos, y el resto del mundo no existe. En las nuevas generaciones se tiende a diferenciar, a oponerse cada vez más, las clásicas posturas de todas las generaciones de pasotismo e implicación. La generación Barrio Sésamo vive en un mundo en el que el sol sonríe cada día, todo es de color de rosa y las cosas malas se solucionan siempre por el diálogo (o si no, les expulsamos de la serie y punto). La otra generación, la Bola de drac, vive en un mundo extremadamente egocéntrico desconociendo todo aquello que no entre en su proximidad física.
Lo peor de todo es que, a pesar de lo que pueda parecer, cada vez más se tiende a conglomerarse en el grupo pasotista de la generación. ¿Es problema de la televisión? Indirectamente, tal vez. Directamente, aunque se trate de obviar, es un problema de valores, valores que, al ser televisivamente cada vez más desastrosos, deberían empezar a replantear familia y escuela conjuntamente, y no, como bien señala, echarse las culpas de todo. Es muy fácil acusar a la familia, a la escuela, a la televisión, a los videojuegos... de todo. Sin embargo, uno puede haber visto Bola de drac o haber jugado mil partidas con Lara Croft sin necesidad de por ello tener que adquirir valores de éstos. Se buscan valores cuando no se ofrecen en otro sitio. Familia y escuela deberían colaborar en lugar de pelear.
Retomando la conclusión del comentario colgado, la generación universitaria Barrio Sésamo está destinada a despertar, a percibir la realidad como es, a romper con su mundo color de rosa en el que todo tiene solución, porque no todo lo tiene. El problema es que, probablemente, al despertar, muchos de ellos abandonen la serie y se pasen a buscar las siete bolas de dragón, quedándose el barrio vacío a disposición del pasotismo que tanto beneficia a ciertas políticas.
En parte, casi sería mejor que se quedasen siempre con Espinete.

 

Post a Comment

<< Home