Saturday, January 08, 2005

Los sondeos y el ombliguismo

Los sondeos se crearon para medir la opinión pública.
Se consideraba que esta opinión era contable y calculable, computable y evaluable, si se disponían de los mecanismos adecuados que, sometidos a la ciencia divina de las matemáticas, ofrecerían un dictamen perfecto de la sociedad.
Las herramientas científicas sustituían por fin a la palabrería vana de los teóricos y los idealistas.
El científico social se convertía en el médico – a veces, con pasión de cirujano – que dictaminaba y diagnosticaba los males sociales.
Era una ciencia tan neutral que no necesitaba teorizar las nociones previas que le llevaban a las preguntas, sino analizar sólo los resultados. Todo era ciencia.
Se discutía el cómo (las herramientas y métodos) y no el por qué – que era considerado anticientífico.
Pero, sin un análisis previo de las preguntas - y no posterior de las respuestas -, sin una discusión previa de las intenciones (¡Oh, vuelta a la palabrería vana de los teóricos y los idealistas!), las respuestas respondían a los criterios y las intenciones de los encuestadores (peor, escondían sus criterios e intenciones bajo una capa de cifras).
Por eso, siempre que estudio una encuesta tengo una cierta sensación de encontrarme en una encerrona. No significa que haya una malvada voluntad detrás, no es una paranoia conspiratoria. Puedes participar en una catástrofe planificada con las mejores intenciones.
Es algo parecido al sentimiento de Fatema Mernissi (“Un libro para la paz”, 2004) cada vez que es invitada a un coloquio occidental sobre el mundo árabe, sobre el ‘diálogo de culturas’. Nota que hay trampa, que entra en un diseño preestablecido para un resultado concreto y teme perder el tiempo. “A no ser que se incluya a los árabes a los que se desee invitar en la fase inicial de la definición de conceptos, de la elección de los temas, de la formación de categorías y de la elección de los participantes, uno termina hablándole a su propio ombligo”. Fatema Mernissi se siente ‘un toque de color’ en una sala de occidentales.

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