Tuesday, January 11, 2005

Tsunami y vídeos morbosos

Un nuevo mercado negro de productos audiovisuales acaba de surgir en torno a la catástrofe del tsunami. Se trata de vídeos reflejando el momento en que la ola del maremoto llegaba a las playas turísticas y arrastraba a los bañistas o espectadores estupefactos.
¿Es escandaloso esta venta de la desgracia ajena?
No debían ser los diarios los que encabezasen la indignación contra esta aparición de nuevos e inéditos canales de comunicación ya que, ellos los primeros, encabezaron la lógica compra de materiales audiovisuales ofertados por turistas y retransmitidos inmediatamente por las principales cadenas mundiales de televisión.
Estos vídeos – y la coincidencia de su emisión en el periodo navideño – han provocado la mayor corriente solidaria, monetariamente hablando, de la historia.
La diferencia entre unos vídeos de primera generación - los que retransmitieron las cadenas internacionales – y los segundos – los que ahora se ofertan en CDs para el mercado local – es muy simple: los primeros están producidos por turistas occidentales y los segundos son productos locales.
En esta catastrofe se ha demostrado que los materiales de la noticia, los instrumentos para dar a conocer la realidad por parte del periodista, han cambiado. El profesional no construye el reportaje a partir de producción propia sino que gestiona materiales que le son aportados por la sociedad civil.
Bienvenido sea este nuevo periodo y las posibilidades que ofrece consecuencia de la nueva oferta tecnológica en reproducción audiovisual (desde los vídeos a las fotos digitales con la inclusión de la nueva generación de teléfonos móviles con reproducción visual incorporada).
Si, ahora, unos pobres desgraciados se ganan unas rupias con la venta de productos locales del mismo sensacionalismo que – oportunamente – han utilizado todos los medios de comunicación mundiales y corren por internet imágenes morbosas del acontecimiento, es problema de los consumidores de estos productos y no de los medio ni de la novedad del acontecimiento.
El panorama mundial de la información – producto de la globalización en gran medida – ha cambiado y es necesario adaptarse a estas nuevas redes de comunicación.

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