Monday, January 24, 2005

Don Quijote y la coronación de Bush

¿Se puede hablar de decadencia americana en 2005?
Probablemente, en el 2105 sí se podrá hablar de decadencia americana y quizás una novela emblemática sea el crisol y reflejo de ese ocaso que, naturalmente, no vemos nosotros por ninguna parte.
El ominipresente imperio tiene apocalípticos atacantes que hablan de su fin – y de todo el de occidente de paso -, por hoy por hoy no se les presta mucha atención.
El idioma inglés – pero, fundamentalmente americano -, la moneda norteamericana – el dólar que tiene a Dios en su redactado -, la cultura entendida en el sentido de lo que se lee, se ve y se escucha – donde los productos norteamericanos desbordan los pequeños porcentajes locales -, la presencia militar permanente o utilizada como amenaza constante...
En la corte de la metrópoli, un lider que se cree con el deber de intervenir en todos los asuntos mundiales y con la conciencia de ejercer una función que le ordena la divinidad.
Cambiando los términos, la situación del imperio español en 1605 era la misma para un europeo y, aun, más monstruosamente presente en ciertos campos como la reforma católica.
¿Hay decadencia?
Hay razones para pensarlo, sobre todo después de la derrota no declarada en Irak.
El desequilibrio entre la fuerza militar disuasoria y la capacidad de la red de comunicaciones está a punto de romper la baraja (es decir, la capacidad de alimentar esa fuerza militar que por razón de la lógica imperial termina siendo la de ‘uno contra todos’).
Es decir, a posteriori, los historiadores podrán unir las ideas arbitristas de Soros, el fundamentalismo islámico, el euro y una novela emblemática para decirnos que el imperio estaba en decadencia.
Pero, en 2005, si esta tarde vamos al cine, y vemos el aviador al que celebraremos oscarizado dentro de unos días, no creo que tengamos una exacta conciencia de que estamos contemplando un imperio en periodo de acoso y derribo.



Sunday, January 23, 2005

Las chicas lucero y la confianza tecnológica

Al corregir la memoria final de mis alumnos, tropecé en uno de los trabajos con un fenómeno particular y sorprendente. Al tratar de la relación de la imprenta y la reforma evangélica, el nombre de Lutero se había transformado en Lucero. Cada vez que aparecía el teólogo alemán, se había convertido en un astro.
Mi relación con los ‘luceros’ es escasa y me recuerda a una canción que oía en la infancia donde, por lo visto, los camaradas se iban allí a hacer guardia. También podía tratarse de un apelativo cariñoso de un burrito al estilo de Platero. Nada que ver con un serio clérigo germano.
Cuando encontré otro caso, mis sospechas sherlocholmianas comenzaron a funcionar y, terminé agrupando a las cuatro culpables de tan insólito asunto. Mi primera idea era considerar en una comunicación estrecha entre ellas que les había hecho copiar indiscriminadamente los textos gracias al copy/paste de la informática. Por un momento, las cuatro chicas lucero estaban suspensas.
Sin embargo, los enunciados no coincidían así que tuve que explorar otras hipótesis. Me introduje en el word – que tiene en castellano un corrector lingüístico lleno de fallos – y encontré que se trataba de una más de sus ocurrencias. Eliminaba ‘Lutero’ subrayándolo en rojo y daba como alternativa Lucero.
La confianza tecnológica de las estudiantes les había perdido. Y, por supuesto, no haber releído para corregir el texto de la memoria. Aceleración e inercia, rapidez y exceso de confianza, se unen para entregarnos en manos de las herramientas tecnológicas de la red de comunicaciones, que sólo son útiles si están controladas por el cerebro humano y no por la desidia – también humana, por cierto.

Friday, January 21, 2005

Tiempo de Medusas

Un lienzo oscuro, con una luz cenital, casi teatral. Unas personas desesperadas que se abrazan a unas tablas en medio de la tormenta. Algunos de los náufragos intentan otear la salvación que puede venir del horizonte; otros, se abandonan a la desesperación silenciosa. En el extremo derecho del extraño rombo dramático ideado por el artista, un muerto que se resiste a ser arrastrado por la corriente.
Se trata de ‘La balsa de la Medusa’ (le radeau de la Méduse), pintado en 1818.
Delante de ese cuadro de Géricault, que tanto influyó en el movimiento romántico y en Delacroix, he pasado largos ratos (Louvre) sin encontrar la solución exacta a la propuesta que el romanticismo plantearía y que este cuadro inauguraba.
Detrás estaba la incompetencia política que acentuó el drama. La fragata, enviada al Senegal en 1816, estaba mal dirigida. Aunque no aparezca, detrás del cuadro se encontraba el innoble conde de Chaumareix, capitán del barco que abandonó a la marinería mientras él y los oficiales ocupaban las barcas de salvamento. Ciento cincuenta personas desesperadas construyeron balsas improvisadas para escapar de aquel infierno, disputaron los sitios en la balsa, practicaron el canibalismo, navegaron a la deriva... Sólo sobrevivieron quince.
Mis dudas fueron y son enormes.
Géricault dispone una metáfora que puede tener una interpretación inmediata – la prensa airea el caso durante semanas en medio de descripciones morbosas de los supervivientes; una interpretación nacionalista – Francia derrotada y abandonada por sus líderes se entrega a la desesperación -; una interpretación social burguesa – la aristocracia ha tomado de nuevo el poder en Francia gracias al resto de Europa pero no cree en sí misma como clase dirigente y abandona el puente de mando del navío al primer contratiempo -; una interpretación moral – las fuerzas de la naturaleza y el azar nos llevan a soluciones individuales ante la catástrofe; una interpretación estética muy influida por las últimas reflexiones de Goya y con ecos de Caravaggio – sólo el tenebrismo puede reflejar el drama sin color de la pesadilla que representa la insolidaridad humana...
Es la misma meditación que provoca la patera a la deriva en el Atlántico y llena de personas exasperadas que lanzan un SOS a través de un móvil, avistada por un mercante ya con diez cadáveres a bordo, finalmente desaparecida. No ha provocado ningún gran escándalo mediático.
Es una noticia más – enero 2005 -.
El fantasma del malvado conde de Chaumareix no está tampoco en esta nueva pintura pero su sombra envuelve y deja sin color al cuadro.
Algo funciona mal en la gestión del poder – allí, las mafias existen en la ausencia de poder estatal o con la connivencia de éste -; aquí, donde controlan más o menos perfectamente los flujos comerciales excepto en una mercancía, la humana.

Thursday, January 20, 2005

La webcam del alma

He inaugurado una webcam. La he colocado enfrente de mí y he comprobado lo poco que me muevo cuando me encuentro cara a la pantalla.
Delante de la pantalla del ordenador, uno parece la fotografía de uno mismo.
Lo de alguien que me vigilaba, me recordó Gran Hermano (no el programa, el libro de Orwell).
Lo de la inmovilidad me asustó un poco.
Al rato, viéndome a mí mismo en una continuidad bastante tediosa, forjando muecas y mohines diversos para entretener al aparato, cansándome en suma del invento, decidí llamar a mi mamá para que me viera en red.
La cosa no fue tan fácil y mis sobrinos trasladaron a la presunta pero ágil anciana que se escapó dos veces de la habitación aburrida de los preparativos. Después, contempló un rato mis contorsiones a través del aparato – lo de la voz no funcionó – y afirmó que estaba bastante feo y envejecido.
Un éxito.
Me acordé de una alumna que, en un trabajo sobre su casa como lugar de comunicación – algunos más bien habían descrito el hogar paterno como lugar de incomunicación -, me dijo que su madre estaba convencida de que había una webcam en cada habitación de la casa observando la familia.
Por eso, tenía que estar todo impecable, impoluto e imposible finalmente. Su madre no dejaba de trabajar, de hacer brillar muebles y vajillas para esa mirada omnipresente.
La mejor webcam es la que se lleva en el alma.
He decidido apagar la webcam, por si acaso se cuela en el alma como los cristales del diablo en el cuento infantil.


Tuesday, January 18, 2005

Descentrar la red

Las redes son mallas ordenadas en un tejido armónico generalmente para capturar alimento – sea la red del pescador o la red de la araña.
En comunicación, las redes locales se superponen con otras redes. Estas no las ordenan sino que las descentran.
El domingo, el escritor Tahar ben Jelloun, en un artículo publicado en La Vanguardia, se preguntaba y nos preguntaba un inquietante: ¿después de Turquía, viene Marruecos o quizás el Magreb en general? Con un título de poema de Cavafis, ‘esperando a los bárbaros’, situaba el reto magrebí como una necesidad europea e inevitable para el Magreb.
El problema es que ese desafío no es tal visto desde Europa. Las relaciones bilaterales que el continente – y sobre todo Francia – mantiene con los tres países ribereños del Mediterráneo se mantiene en un perpeturo desequilibrio ante la inexistencia de un fuerte mercado interno y común magrebí.
Está dislocada la red con Europa porque no hay malla en el Magreb.
Sólo la unión – en la que Europa podría colaborar ampliamente en la creación de infraestructuras –llevaría a la constitución de un Magreb que potenciara sus riquezas humanas y materiales.
El problema es que la esperanza de una pretendida ampliación europea o de una relación personal privilegiada – la zanahoria que han alzado los sucesivos gobiernos franceses muchas veces consciente y alevosamente -, lleva a la catástrofe, la desorganización organizada en beneficio ajeno, la ausencia de planificación y el desmantelamiento de iniciativas y, finalmente, la emigración descontrolada de una población sin expectativas – o peor, con una expectativa puesta en el norte.
La descentralidad, el desventramiento, la orientación de comunicaciones y economías hacia un centro imaginario que parece un palto giratorio, es tan irreflexivo como la posibilidad de construir una muralla en el sur. Son dos alternativas con las que se juega alegremente al borde del abismo.


Sunday, January 16, 2005

La frontera de lo cutre

Es una reflexión lateral y quizás injusta con la película uruguaya Whisky (2003) de Pablo Stoll.
Las risas nerviosas en el cine ante las pequeñas mezquindades y las vulgaridades cotidianas de los protagonistas, me lo recordaron.
Lo cutre es una frontera que ese conjunto informe que se llama clase media establece como lugar de prohibiciones y represiones internas, en definitiva de invisible control del grupo. Las leyes de esta frontera no están escritas en ningún papel pero son inapelables.
No es exactamente el landismo – hoy tan bien representado por Torrente -, esa otra frontera con “lo hortera” que ese otro inmenso grupo de la clase media baja coloca como clara frontera – mediante el ridículo - con su propio pasado o con elementos y personas de su propio presente.
Sería hilar muy fino diferenciar lo ‘cutre’ y lo ‘hortera’. Dejémoslo en un enorme y variado conjunto de acciones, gestos y prácticas que no se deben realizar; un elenco que es criticado mediante el ridículo. El pánico está provocado por el temor a caer en el abismo de un grupo inferior o un pasado superado.
El film ‘Whisky’ participa de otras variables, aparte de ese opresivo estilo de cine de “escuela de cine” (la repetición es intencionada), participando de ese nuevo cine antiétnico que está dando productos magníficos después de la bobalicona sucesión de apologías de lo étnico -, ese cine que refleja en el cono sur las artimañas de Woody Allen y las descarga sobre la comunidad judía (sin poder ser atacado de antisemita, ¡qué maravilla!).
A mí lo que me interesa en este caso es la reflexión sobre lo cutre.
Una alumna me dijo un día en un trabajo sobre su casa como espacio de comunicación:
-. Mi madre piensa que hay una webcam en el techo de cada habitación observando lo que hacemos y si dejamos algo desarreglado.
Esta vigilancia, invisible porque es interna a la persona, es parte de la represión: puede ser una cama desarreglada o pasarse la manga por la boca después de comer, puede ser un chiste inoportuno o un gesto inadecuado. Es una frontera dinámica y móvil que inventa nuevas prohibiciones cada día – puede ser un color o un tipo de papel pintado, una comida o un lugar de vacaciones... -, y aplica reglas de conducta.
En los jóvenes este ir y venir es tan evidente como inconsciente para ellos. No depende de una estrategia de ascenso o mantenimiento como clase social, como es el caso de sus padres. Se convierte en la expresión de tribus solidarias.
Pero, la frontera de lo cutre persiste en ambos casos. Y el pánico a ser pillado en falta también. Es una exclusión fundamentalmente personal, cerebral.

Friday, January 14, 2005

Les luthiers y el himno nacional

En una de las representaciones del grupo musical argentino Les Luthiers – no me he perdido ninguna de las que han hecho en Barcelona -, la obra teatral que atravesaba el espectáculo describía una especie de sainete en que el partido gobernante intentaba cambiar el himno patrio por razones electorales.
En un momento determinado se plantea reemplazar la letra del himno referente a los malvados españoles – ahora hay que estar a bien con la ‘madre patria’ por razones económicas – y sustituirlo por algún otro país que se encontrara bien lejos y con el que se tuvieran pocos contactos.
No me acuerdo exactamente pero creo que al final se elige a los noruegos y el himno se carga de patriótica venganza contra este país por haber pisoteado el orgullo nacional.
Lo divertido es que al final del canto, el ‘boludo’ representante del partido gobernante exclama entusiasmado y llevado del espíritu inflamado por el ambiente y la música:
-. Es cierto. Yo siempre le había tenido una manía terrible a los noruegos.
La carcajada general que se produce entre el público revela una reflexión profunda del grupo argentino de consecuencias terribles.
Yo siempre he contado esta anécdota – y he estado buscando hoy inútilmente en Internet la letra completa de la canción – para explicar el terrible efecto de las encuestas de opinión.
Pongamos un caso:
Si preguntamos una cosa tan estúpida como ‘le tiene usted manía a los noruegos’ a los habitantes de la ciudad de Barcelona - obviemos lo inconsistente de la cuestión – es evidente que saldrá un resultado masivamente negativo.
Pero, por razones obvias y variables diversas, algún porcentaje saldrá positivo, es decir, un número aunque sea ínfimo afirmará que ‘le tiene manía a los noruegos’.
Resultado:
Al día siguiente, un periódico podrá escribir: “un 7 por ciento de los barceloneses ya le tienen manía a los noruegos”.
Y si repetimos la encuesta todos los años, crearemos una nueva realidad: el odio a los noruegos que, es seguro, aumentará en las sucesivas encuestas.
Podemos considerar entonces las encuestas que preguntan sobre un grupo social con el apartado
¿Cree usted que el grupo X es problemático?
¿Cree usted que el fenómeno X es un problema?
El resultado es de esperar.

Thursday, January 13, 2005

En la ola

Ni encima como en el surf, ni debajo como un submarinista, ni en la playa contemplando como viene. Es difícil saber donde podemos estar para analizar lo que está sucediendo al mismo tiempo que intentar la mejor posible forma de salvación personal o colectiva.
Norbert Elias, comentando un cuento de Edgar Allan Poe, planteaba esta disyuntiva. No es nunca ni el temerario ni el temeroso quienes se preservan y defienden. Es una mezcla de osadía y reflexión lo que nos lleva a encontrar la estrategia adecuada que nunca es la solución absoluta al problema.

Wednesday, January 12, 2005

La mosca y la red

Las redes de comunicación se desarrollan cada vez con menos gasto y con más eficacia. Internet es un ejemplo perfecto de este proceso imparable que podría extenderse a todo tipo de comunicaciones – lo masivo y lo global abarata, el proceso tecnológico de digitalización favorece este abaratamiento, el público extiende sus posibilidades de comunicarse con mayor rapidez y eficacia -.
Hasta podría trasladarse el mismo tipo de planteamiento a las energías alternativas.
Sin embargo, cada vez que una red se crea, se oferta un servicio gratuito como cebo para peces incautos y se les pretende cobrar cuando la red esta en marcha, tiene éxito y sus costes precisamente se encuentran a la baja.
Es el caso de los cajeros donde los bancos pretenden recuperar lo que han perdido – en parte por su propia estupidez de jugar a la pirámide – en bolsa e intereses.
Entonces, el consumidor pasa de estar en la red a ser la mosca atrapada en la red.

Ridículo a las mil Miravitllas

El ridículo es una frontera de exclusión que las clases dirigentes han creado a lo largo de la historia para control externo e interno del grupo. Meter la pata – ficar la pota en cátala – no es tan habitual entre los grupos populares.
Se trata de una presión desde arriba – lo cutre, lo hortera, la frase mal dicha, ... – una manera de diferenciarse que sólo puede atacarse igualmente desde la caricatura de las actitudes de los de arriba – lo pijo, lo pedante, lo cursi ...
El juego es amplio y muy dinámico. El sistema de organización cortesano lo llevó a un extremo increíble en la época de la apariencia (ver Gracián o el duque de Saint Simon) pero también en los ambientes burgueses tuvo su expresión mercantil (ver las memorias de ...).
Pero se trataba en principio de deshonor (muy parecido a lo que sucede en las culturas de las elites orientales y de forma extremada en la civilización cortesana japonesa).
La película ‘Ridicule’ (1996) – con una actuación genial de Jean Rochefort – refleja este ambiente en que la carrera de un personaje cortesano podía truncarse absolutamente por haber caído en ridículo.
Pero, la guillotina no acaba con el ridículo sino que lo refuerza.
El ridículo se convierte en occidente, a partir de la revolución burguesa en algo interiorizado como parte de la personalidad a través de la educación: no fallar, no quedar en ridículo.
El análisis del chiste y del humor nos señala las múltiples fronteras sociales, grupales y étnicas donde la aduana es el ridículo y la risa sobre lo ajeno.
El resultado es mortal y continúa en la actualidad.
Pero, el temor al ridículo es también terrible y absolutamente anticientífico – es un freno a la innovación, a la experimentación , al desparpajo...
En la enseñanza oriental, una falta es terrible pero un error es considerad un paso normal en el camino educativo.
“Critico aquello que me interesa”, dice un proverbio Zen.
En estas culturas – y esto se transmite también a actitudes cotidianas – una persona a la que se le indica un error (no una falta que es diferente y en occidente están confundidos ambos términos) agradece la llamada de atención y convierte en maestro al que se lo ha señalado.
En la cultura occidental – y en la universidad más -, un ‘maestro’ que señala un error se convierte en un enemigo que ha puesto en ridículo al alumno, un ‘pedante’ que ha criticado el trabajo de un compañero, un insolidario incluso entre compañeros....
El libro de Ramon Miravitllas, ‘Preciosos ridículos’ nos ayuda a desdramatizar el ridículo y a contemplar el poder – político, cultural, mediático – en ridículo. Un buen ejercicio mental.
A veces parecido al cuento del rey desnudo, a veces con esa mala baba tan simpática del crítico avezado en años de redacciones siniestras.
¿Y cuántos nuevos enemigos que no lo considerarán precisamente un maestro por señalarles el error?


Tuesday, January 11, 2005

Tsunami y vídeos morbosos

Un nuevo mercado negro de productos audiovisuales acaba de surgir en torno a la catástrofe del tsunami. Se trata de vídeos reflejando el momento en que la ola del maremoto llegaba a las playas turísticas y arrastraba a los bañistas o espectadores estupefactos.
¿Es escandaloso esta venta de la desgracia ajena?
No debían ser los diarios los que encabezasen la indignación contra esta aparición de nuevos e inéditos canales de comunicación ya que, ellos los primeros, encabezaron la lógica compra de materiales audiovisuales ofertados por turistas y retransmitidos inmediatamente por las principales cadenas mundiales de televisión.
Estos vídeos – y la coincidencia de su emisión en el periodo navideño – han provocado la mayor corriente solidaria, monetariamente hablando, de la historia.
La diferencia entre unos vídeos de primera generación - los que retransmitieron las cadenas internacionales – y los segundos – los que ahora se ofertan en CDs para el mercado local – es muy simple: los primeros están producidos por turistas occidentales y los segundos son productos locales.
En esta catastrofe se ha demostrado que los materiales de la noticia, los instrumentos para dar a conocer la realidad por parte del periodista, han cambiado. El profesional no construye el reportaje a partir de producción propia sino que gestiona materiales que le son aportados por la sociedad civil.
Bienvenido sea este nuevo periodo y las posibilidades que ofrece consecuencia de la nueva oferta tecnológica en reproducción audiovisual (desde los vídeos a las fotos digitales con la inclusión de la nueva generación de teléfonos móviles con reproducción visual incorporada).
Si, ahora, unos pobres desgraciados se ganan unas rupias con la venta de productos locales del mismo sensacionalismo que – oportunamente – han utilizado todos los medios de comunicación mundiales y corren por internet imágenes morbosas del acontecimiento, es problema de los consumidores de estos productos y no de los medio ni de la novedad del acontecimiento.
El panorama mundial de la información – producto de la globalización en gran medida – ha cambiado y es necesario adaptarse a estas nuevas redes de comunicación.

En torno a hemorroides y almorranas

Cada palabra es un mundo. Con sus relaciones, sus luchas, y sus múltiples matices. Aunque sin biologizar ni sublimar la cosa ya que hablar de un espíritu general de la lengua nos puede llevar a un peligroso Volkgeist.
Dice Alex Grijelmo, autor del ‘El genio del idioma’ – donde lo atractivo y lo peligroso del tema se unen ‘genialmente - que “el idioma siempre crece de abajo hacia arriba” (Periódico de Catalunya, 11-1-05) y que los anglicismos son impuestos desde ese ‘arriba’ (el del poder mediático, supongo).
La lengua es democrática, el lenguaje es una imposición de las élites. Las palabras van por libre.
Ni don Quijote ni Sancho representan dos grupos sociales sino que son la recreación de Cervantes sobre esos dos grupos. En el siglo de la normalización del castellano – nada democrática, por supuesto -, se comienza a fabular un lenguaje popular que dará al origen al costumbrismo y Cervantes afina la pluma en esa dirección.
La guerra de las palabras llevará a una ‘limpieza’ de los arabismos ya decretada por Nebrija y que reduce exitosamente en porcentaje de intromisiones sustituyendo los términos con neologismos clásico greco-latinos (de arriba hacia abajo).
http://www.maderuelo.com/historia_y_arte/arabismos.html
No hay piedad en esta guerra.
Las palabras van cayendo una tras otra, aunque la resistencia de algunas es memorable. Todavía he visto a un médico callar a una anciana que utilizaba ‘almorrana’, qué vulgar, en vez del culto ‘hemorroides’.
Cobarruvias (1611) ya señala las cuatro almorranas de Nebrija que introducen el término sustitutivo, ‘hemorrhois’, según tengan sangre, no la tengan, sean con resquebrajaduras o de sodomitas.
El diccionario de autoridades la condena definitivamente señalando la frontera del lenguaje de los ‘anatomistas’ que hablan de hemorroides.
La palabra tiene su gracia porque fue utilizada contra los judíos – los cuales estaban condenados a sufrir de almorranas, sangrientas, como castigo divino a sus pecados porque los penaba a sufrir un flujo femenino no periódico sino continuo (de la identificación de judíos y mujeres ya hablaremos en otro momento).
Al morir don Juan de Austria tras una desafortunada intervención quirúrgica en sus almorranas, se decidió oficialmente ocultar la causa de una muerte que sonaba a judía. El caso – al envolver en tanto misterio una cosa tan prosaica - se volvió contra el monarca Felipe II al que se acusó de la muerte de su hermano por razones de estado.
Sea una degradación bajolatina o arabización, la palabra comenzará a ser perseguida por sus connotaciones.
Es un ejemplo de tantos.
La llamada entonces ‘purificación’ del lenguaje, después ‘limpieza’, ambos términos un poco terribles, muestran una directiva clara. La utilización de las palabras no es inocente. Ni la presencia de un término ni su ausencia.

Sunday, January 09, 2005

A quién le vendemos la moto

Cuando comencé este estudio sobre los blogs, mi intención era simplemente realizar un artículo sobre el nuevo fenómeno mediático.
Se iba a llamar algo así como ‘De santa Teresa a San Arcadi Espada, la evolución de la memoria personal’.
Las notas de ese posible trabajo andan sueltas por toda la habitación y un día decidirán reunirse ellas solas.
La duda fundamental – esa pregunta que da sentido a una investigación científica – que me planteaba y me sigo planteando versaba sobre el público.
¿A quién dirigían sus escritos los autores de memorias personales?
¿A quién le escribimos cuando nos escribimos a nosotros mismos?
Dejo para el artículo este tema pero planteo otra pregunta que siempre me ha seguido – atormentado más bien – a la hora de escribir en prensa.
¿A quién le escribía?
¿Al público?
¿Qué público?
¿Con mayúscula o con minúscula?
El problema aumenta en los articulistas de opinión que se dirigen directamente a la llamada Opinión Pública – pongamos las mayúsculas o no las pongamos.
¿Pretendía, oh pedante de mí, dirigirme a la llamada opinión pública que, como todo femenino en occidente es un neutro y no una mujer?
La realidad es que yo escribía para un oscuro y a veces pretencioso personaje llamado jefe de redacción o jefe de opinión (éste último aun más petulante, engreído y muchas veces ignorante) que se confundía a sí mismo directamente con la opinión pública.
Este fenómeno religioso particular de transubstanciación periodística requeriría una gran tesis doctoral.
Mi idea de una redacción se formaba entre los recuerdos de la oficina siniestra de la Codorniz – extensible a cualquier empresa – y las pesadillas personales que sufría cada vez que me encaminaba hacia ella en los prehistóricos tiempos de la máquina de escribir o utilizaba el fax, posteriormente el e-mail, cuando entraron las modernidades en mi vida. Como cada vez estaban más lejanos, la imaginación aumentaba sus rasgos monstruosos.
En mis sueños he imaginado siempre las redacciones como castillos con grandes ogros moviéndose en un ambiente al estilo del señor de los anillos o internados de niños reprimidos sin la magia de Harry Potter.
¿Y el público?
Sinceramente no lo sé. Yo siempre he escrito imaginando personas concretas a las que convencer de lo adecuado de mi artículo y, por lo tanto, evitando aquello que pudiera incomodarles.
La mayoría de los articulistas de opinión a los que he preguntado sobre este aspecto me han contestado que redactan pensando en un amigo, su mujer o un vecino pero jamás en la opinión pública a la que sienten no conocer.
¿Sucede sólo en los articulistas de opinión?
Cada eslabón de la cadena escribe para el siguiente aunque el objetivo final de la manipulación de la noticia sea un producto elaborado en letras impresas.
Nosotros hacemos tornillos y no motos aunque teoricemos con una enorme facilidad sobre ellas. La cuestión es plantearse sobre el montaje que pretenden los ingenieros del asunto y la cadena de ensamblaje que resulta.

Saturday, January 08, 2005

Los sondeos y el ombliguismo

Los sondeos se crearon para medir la opinión pública.
Se consideraba que esta opinión era contable y calculable, computable y evaluable, si se disponían de los mecanismos adecuados que, sometidos a la ciencia divina de las matemáticas, ofrecerían un dictamen perfecto de la sociedad.
Las herramientas científicas sustituían por fin a la palabrería vana de los teóricos y los idealistas.
El científico social se convertía en el médico – a veces, con pasión de cirujano – que dictaminaba y diagnosticaba los males sociales.
Era una ciencia tan neutral que no necesitaba teorizar las nociones previas que le llevaban a las preguntas, sino analizar sólo los resultados. Todo era ciencia.
Se discutía el cómo (las herramientas y métodos) y no el por qué – que era considerado anticientífico.
Pero, sin un análisis previo de las preguntas - y no posterior de las respuestas -, sin una discusión previa de las intenciones (¡Oh, vuelta a la palabrería vana de los teóricos y los idealistas!), las respuestas respondían a los criterios y las intenciones de los encuestadores (peor, escondían sus criterios e intenciones bajo una capa de cifras).
Por eso, siempre que estudio una encuesta tengo una cierta sensación de encontrarme en una encerrona. No significa que haya una malvada voluntad detrás, no es una paranoia conspiratoria. Puedes participar en una catástrofe planificada con las mejores intenciones.
Es algo parecido al sentimiento de Fatema Mernissi (“Un libro para la paz”, 2004) cada vez que es invitada a un coloquio occidental sobre el mundo árabe, sobre el ‘diálogo de culturas’. Nota que hay trampa, que entra en un diseño preestablecido para un resultado concreto y teme perder el tiempo. “A no ser que se incluya a los árabes a los que se desee invitar en la fase inicial de la definición de conceptos, de la elección de los temas, de la formación de categorías y de la elección de los participantes, uno termina hablándole a su propio ombligo”. Fatema Mernissi se siente ‘un toque de color’ en una sala de occidentales.

Thursday, January 06, 2005

Bacías de barbero y encuestas de opinión

Don Quijote no ve el recipiente metálico que se colocaba bajo la barba del cliente, confunde la vasija del barbero con una celada o yelmo de un caballero.
El brillo del objeto metálico al sol le hace descubrir ‘el yelmo de Mambrino’ y la bacía desaparece por encantamiento.
Sólo es cuestión de invertir la realidad.
El barbero se ha colocado la bacía al revés para protegerse de la lluvia y ésta se ha trasformado en yelmo.
Don Quijote la reclama y lanza en mano la obtiene.
Arrebatada a su propietario el barbero, luce en la cabeza de don Quijote hasta el reencuentro de ambos en la venta.
Y, entonces, la historia da una vuelta al sentido de la realidad, al preguntar don Quijote a la asistencia si se trata de una bacía o un yelmo.
“No hay duda -respondió a esto don Fernando-, sino que el señor don Quijote ha dicho muy bien hoy que a nosotros toca la difinición deste caso; y, porque vaya con más fundamento, yo tomaré en secreto los votos destos señores, y de lo que resultare daré entera y clara noticia” (cap.XLV)
Milan Kundera, en la introducción a la edición inglesa del Quijote (artículo de Kundera traducido por primera vez en el Cultural), compara esta escena con un sondeo de opinión.
Señala Kundera que el primer sondeo de opinión en Francia se realizó en 1938 para determinar si los franceses eran favorables al pacto de Munich con Hitler y que el resultado fue afirmativo.
Y remata Kundera cruelmente: “Los lectores de Cervantes no se llaman a engaño: todas las votaciones, todos los sondeos de opinión tienen por modelo el clásico escrutinio de la venta cervantina”.
Quizás excesivo y un punto antidemocrático.
Pero, real, si los términos de la encuesta están mal planteados, si los términos planteados en oposición se sitúan entre las fantasmadas esquizoides (por muy don Quijote que sea) y la realidad. No se pueden ponen en dos platos igualados de la balanza.
Es el caso de muchas encuestas sobre emigración, emigrantes y ‘acogidas’ varias.
La creación de realidad – carácter performativo del discurso – a partir de la ficción, se completa.
Y la bacía se transforma en yelmo para algunos, para muchos.
Ante la pataleta de los menos, del barbero que se ve desposeído
Preguntar
- ¿Cree usted que es un problema la inmigración?
Es disputar sobre la bacía del barbero o el yelmo de Mambrino. La fantasía de la pregunta que transforma la realidad en ficción nos llevaría a preguntarnos:
- ¿Qué es un problema?
- ¿Existe la inmigración?
Pero, los que no creemos reales los términos de la pregunta nos quedamos en la pataleta del barbero mientras aumentan los que contestan afirmativamente – más cuanto más se les pregunta, porque la pregunta es una realidad bola de nieve que aumenta al descender por el talud.
Sociólogos, cuidado, o creáis el problema al preguntarlo.
Pero don Quijote nos contesta impertérrito:
“Eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa” (cap. xxv)


Tuesday, January 04, 2005

La generación ‘Barrio Sésamo’

Por la universidad he visto pasar múltiples generaciones de estudiantes desde que yo mismo formé parte de una de ellas (la de 1977, año preconstitucional).
La del desencanto, la del pasotismo, la yuppie, la profesional, la solidaria onegera, ... muchas generaciones, muchas maneras de entusiasmarse o aterrorizarse por el futuro profesional que les esperaba.
La media de acción modal comprendía unos tres a cinco años, con inflexiones más o menos duraderas y cambios profundos.
Ahora toca el turno a la generación ‘barrio Sésamo’, la que ha aprendido sus tiernas experiencias junto a la televisión y no conoce otros referentes (olvidémonos de la familia y de la escuela, instituciones que se echan mutuamente la culpa de todo lo que les sucede).
La generación ‘Barrio sésamo’ no tiene profundos dogmas ni ideológicos ni morales pero sí insondables valores.
Es la generación del pacto, del acuerdo, de ‘todo lo solucionaremos conversando’, algo parecido a lo que han visto hacer a los animalitos de la tele.
La generación Barrio Sésamo cree en los amigos, quiere a la familia, respeta a la escuela, pero, sobre todo, cree en un moderado disfrute personal que, respetando a los intereses de todos los demás, le permita obtener satisfacciones particulares.
La utopía, ellos se creen que es la realidad misma, es mucho más difícil de obtener que los propósitos de las anteriores generaciones (‘dolerse de su existencia’, ‘echarle la culpa al mundo mundial de todos lo problemas propios y ajenos’, ‘triunfar pisoteando a los demás’, ‘solidarizarse con todos los desgraciados de allá pero sin importarles un rábano cambiar la situación aquí’, ...).
Los de ‘Barrio Sésamo’ le añaden el gazpacho ecológico con la defensa de todos los animalitos y víctimas de catástrofes variadas, lágrima fácil y compromiso frágil, solidaridad de fin de semana y a ser posible excursionista, puntitas de irritación ante lo malvada que puede ser una situación y mucha buena conciencia. Con ese cóctel se puede ir tirando y formando parejas tan políticamente correctas que un polvo te lo debo a ti, otro me lo debes a mí, y así vamos deshojando la margarita.
En Barrio Sésamo siempre se consigue un final pactado y todos se reparten el pastel. Esto es imposible y menos en política.

Extrañamente, a esta generación de barrio Sésamo le ha tocado volver a las urnas. Y ha dado un vuelvo electoral. ¡y cuanto de barrio sésamo tiene el resultado final elegido!
La guerra de Irak y los fallos de un gobierno prepotente les llevaron a votar en masa, a participar en un ritual que consideraban de mayores (y como no se van de casa, la verdad es que no votaban ni llegando a la treintena).
La democracia era admitida como algo natural pero los políticos eran tan molestos como los padres y, a veces, más eternos (el caso Pujol en Cataluña es memorable). Una de las preguntas que no se les ha ocurrido a los sociólogos de pie de urna es preguntar no cuantos jóvenes votaban – eso es comprobable – sino cuando votaban y si lo hacían acompañados por la familia.
A votar se iba como antes a misa de doce, era la militancia paterno/materna la que movía el rebaño familiar hasta que en los noventa se agotaron las pilas de la progresía.
Ahora, la generación barrio sésamo se encuentra en una situación inaudita. Por que en el barrio encantador todos pactaban, los malos – que no eran malos sino díscolos o caprichosos o egoístas o miedosos – se convencían finalmente.
Y ahora qué.

Monday, January 03, 2005

Progreso y proceso

La periodización es esa clasificación del tiempo histórico en etapas que se suceden dentro de un camino común que afecta a toda la humanidad.
Y, en la mayoría de los casos, con un progreso evidente de una a otra, mostrando el ascender escalonado de la civilización.
Esta visión que es sencilla, simple y didáctica choca con la realidad constantemente y es imposible de aplicar en historia de la comunicación.
Cualquier fenómeno o proceso que estudiemos, se produce en tiempos y lugares diferentes, afectando de manera disímil a cada sistema analizado.
Incluso los que, teóricamente, afectan a toda la humanidad.
Por ejemplo, si nos fijamos en la relación entre tres hechos coincidentes:
- Industrialización
- Abandono del campo por la ciudad
- Expulsión de grupos humanos que deben emigrar.
Ni todo el planeta ha realizado esté proceso en el mismo momento ni muchísimo menos del mismo modo.
Europa comenzó tempranamente este trasvase (utilizando la expansión militar para colocar sus emigrantes, caso de Francia e Inglaterra; o enviándolos a otras zonas imperiales, caso de los países nórdicos, Italia o Alemania).
Hoy es casi imposible acordarse de que los suecos emigraban.
La Europa mediterránea completó su industrialización con un proceso parecido pero más tardío – en diferentes momentos del siglo XX - (trasvase campo-ciudad, industrialización, expulsión de grupos que debían emigrar)
La Europa mediterránea mejoró el proceso con la venida de grupos de los países desarrollados (el turismo) que eran emigrantes de temporada (estacionales) y aportaban divisas a las respectivas balanzas de pagos.
La operación se completó con una fuerte inversión extranjera en el país, en muchos casos salvaje.
Ahora el proceso se ha mundializado.
América, África y Asia han entrado en el proceso de industrialización, en ese dramático paso del campo a la ciudad y expulsión de grupos que deben emigrar. Se intenta completar este proceso deslocalizando empresas del centro que aprovechan los bajos salarios locales, aportando las divisas del turismo mediante el traslado estacional de grupos de los centros industrializados occidentales.
Sin embargo, los matices son enormes:
- Las ciudades se han convertido en metrópolis incontrolables (sobre todo en América y ciertas partes de Asia excepto China).
- Los grupos emigrantes son rechazados por el centro industrial de una forma mucho más violenta que en otros procesos parecidos.
- La deslocalización debe asegurarse con una destrucción total de los derechos civiles.
- La gran separación social pone en peligro la industrialización (al contar con una débil demanda interna) y la propia empresa turística (por la violencia y la delincuencia que genera la urbanización descontrolada).
El proceso continúa – y responde a una lógica aunque esta a veces sea monstruosa en sus resultados - pero ni ha sucedido en el mismo lugar ni en el mismo tiempo.
Hablar de etapas históricas es absurdo o etnocéntrico (euro-occidental-céntrico).
Y del progreso mejor no hablar hoy.

Sunday, January 02, 2005

El ocio culpable y los tsunamis

Ante la catástrofe asiática, la prensa ha reaccionado con la misma rapidez que los políticos - es decir, lentamente - pero, eso sí, cumpliendo su papel sacerdotal, mágico, de esa extraña religión de la opinión pública (o mejor, de gurus de ese ídolo tan particular) acusando a estos últimos - los terribles políticos - de imprevisión, necedad y apatía.
¿Cuándo dejaremos de pensar en el escenario político como el recinto de lo sagrado en vez de un lugar de decisiones consensuadas de las que todos tenemos una responsabilidad?
La caída en el tópico ha sido general (y han quedado salpicados desde los gobiernos locales a las grandes potencias, desde el coloso indio a la civilizada Suecia, desde la humilde Tailandia a los Estados Unidos - porque alguna culpa debe tener Bush - en una cascada inmisericorde de descalificaciones).
Y, esta vez, injustas.
Los otros culpables de la catástrofe han sido los turistas. Las comparaciones han sido epopéyicas, absurdas y, en algún caso, esperpénticas. Los turistas siguen sin ser considerados como trabajadores que disfrutan de un merecido descanso.
La prensa occidental - cuyos trabajadores suponemos que también son turistas - sigue utilizando cuando le conviene el tópico aparentemente progresista del turista como representante de la opresión de occidente sobre el tercer mundo, del 'gordo' explotador de los recursos locales y destructor de ecosistemas varios que se pavonea de su lujo en orgiásticas estancias despreciando y humillando lo local.
Es decir, más o menos lo que piensan los 'burguesitos' de esos países (no evidentemente los trabajadores de la empresa turística - que es tan sólo eso, una empresa y no una muestra de ninguna opresión - que son más o menos como nuestros trabajadores y, algunos de ellos, turistas de otros lugares en sus vacaciones).
En algunos artículos, la comparación era tan evidente que ofendía el buen sentido: los turistas estaban donde no tenían que estar.
Hoy, la foto de portada de El País cierra el rizo de estas reflexiones con un pie de foto de una objetividad absoluta ?????. (se ha escogido el grupo más gordo de la playa y se el opone a un grupo de trabajadores con casco que recorren la playa)
Dice
"Los turistas vuelven a las playas del horror. Indiferentes a una catástrofe que se ha cobrado al menos 150 mil vidas, grupos de turistas vuelven a la rutina vacacional en las playas de Tailandia (como ésta de Patong, en la isla de Phuket), ajenos a los trabajos de los equipos de rescate que siguen luchando contra las consecuencias del maremoto)".
Playas del horror suena terrible y podría anunciar un monumento a las víctimas y una sagrada visita a lugares donde nunca jamás nadie debería disfrutar de sus bellos paisajes. A menos que ese 'morboso' viaje se convirtiera en otra industria turística, creo que los trabajadores del sector preferirían que los turistas sigan disfrutando de su tiempo libre.
Desgraciadamente, el ocio sigue siendo culpable en el occidente cristiano.
¿Para cuándo una reflexión sobre las tonterías que se dicen sobre el turismo que todos practicamos?
Ah, pero es que yo cuando viajo no soy 'turista'.... (eso piensan ingenuamente todos los periodistas que han escrito esos magníficos comentarios - ellos no son nunca turistas).
Seguimos en el escenario que tan bien describió Arcadi Espada ante otrafoto semejante.